Racing campeón. La Academia empató en Victoria y festejó su título de la Superliga

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ientras el otoño se retrasó en una noche de verano, Racing se adelantó una fecha en Victoria para ser campeón. No falló la Academia en la primera oportunidad que tuvo. La aprovechó con una demostración de aplomo y carácter, más el juego que es capaz de construir cuando sus dinámicos volantes marcan el ritmo.

Un título que a Racing lo redime de algunos pasos en falso en otras instancias decisivas. Que lo gradúa por primera vez al Chacho Coudet, tan necesitado de cantar victoria como un club al que, por cada vez que toca la cima, transita largos períodos en la meseta.

Racing volvió a ser campeón tras algo más de cuatro años, desde que lo fue con Diego Cocca en 2014. Antes lo había sido el equipo de Mostaza Merlo que en 2001 desterró un calvario de 35 años. Para encontrar un Racing campeón con un intervalo menor a estos cuatro años hay que remontarse al que dio las vueltas olímpicas entre 1958 y 1961. Es su noveno título local en el profesionalismo.

Un cambio de paradigma estableció este Racing campeón. No se consagró desde el sufrimiento, la histeria, la ansiedad, como lo marca su historia, jalonada por infinidad de vicisitudes, un peaje constante en sus intrincados caminos a la gloria. No le sobró mucho, pero casi siempre dio lo necesario.

Racing se apoderó de la Superliga porque supo mantener la situación bajo control desde que se apoderó de la punta, hace casi siete meses, en la cuarta fecha, con un 2-0 a Rosario Central. Fue un líder constante, convencido, que supo atravesar diferentes tormentas. La de un juego inestable, por momentos; la de verse zarandeado por River en el Monumental; la de alguna revuelta interna, como el desacato de Centurión a Coudet

 

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