Qué copado, River

Gallardo puso un 11 alternativo pensando en la Libertadores y cumplió el objetivo en la Copa Diego Maradona: aprovechó otra vez la pelota detenida, le ganó a Central en Arroyito y aseguró su pase a la Zona Campeonato. Bologna, otra vez clave.

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¿Qué tiene River en la cabeza? La Copa. La Libertadores. La Diego Maradona. Sencillo. Lo demostró, de hecho, vía aérea. Rojas, primero. Damián Martínez, en contra, vencido por la presión de Zuculini,después. Y entonces el mismo equipo de Gallardo que había comenzado el torneo local con cierto nivel de dudas, aun con un equipo alternativo logró clasificarse a la zona campeonato en el Gigante de Arroyito.

Muchas veces las matemáticas no alcanzan para neutralizar ataques: defender con cinco a tres delanteros no resulta efectivo si el retroceso no resulta prolijo. La última línea de Central se mostró demasiado lejos de la media y esto permitió que River aprovechara con facilidad las espaldas de Blanco -el lateral izquierdo más adelantado- o la zona vacía que quedaba detrás de Rinaudo, no siempre bien escoltado por Villagra y Ferreira.

Moreira, entonces, rompió con presión para buscar a Álvarez por esa misma banda y Zuculini -anoche volante interno por derecha- encontró en ese mismo hábitat la tranquilidad para desdoblarse y aparecer en el área como ocurrió en el gol en contra de Damián Martínez o en el cabezazo que el arquero de Central le desvió y que acabaría en la jugada del 1-0 de Robert Rojas. Señales de que el radar no funcionó en para el dueño del Gigante y perfectamente para su visita, otra vez implacable en la pelota quieta. Al mismo tiempo, Angileri también profundizó -además de cerrar perfecto luego de un desequilibrio individual local en el arranque del primer tiempo- e incluso Pratto, retrocediendo y saliendo del box de Miño, encontró cierto nivel de facilidad para rematar. Y siempre con Ponzio como conductor inteligente desde la salida hasta en las transiciones. Si De La Cruz hubiera tenido mejor conectividad o Borré mayor precisión, posiblemente River hubiese ganado por mayor diferencia.

Aunque Gallardo también comprendió que era importante cortar el circuito de Central: ubicó a Ponzio como sticker de Vecchio y lo neutralizó. Y se repitieron faltas, casi todas tácticas, pero necesarias para interrumpir el flujo. No siempre funcionó, claro: podría haber sufrido si Bologna no hubiese desviado en modo handball el cabezazo de Novaretti -lo tapó con la pierna- en el primer tiempo o achicado perfecto en un mano mano de Gamba en el segundo. O si Pinola no hubiera cerrado un desborde desde la izquierda cuando el partido iba 0-0.

 

 

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